Niños

Día de la madre

Fotografiar a madres e hijos es un reto. Conseguir que se relajen, que se sientan cómodos hasta olvidarse del objetivo no siempre es fácil. Pero a medida que avanza la sesión y se van sintiendo a gusto, el espectáculo de ese amor indescriptible que se asoma tras la cámara es emocionante.

Poco a poco empiezan a asomar las sonrisas, los gestos de cariño, la complicidad.

Termino siendo una espectadora silenciosa de esa relación tan especial que las madres tienen con sus hijos.

Soy testigo del amor, del cariño, de los juegos, de la alegría que desprenden cuando están juntos.

Conservar esos instantes en una fotografía tiene algo de mágico, como si fuésemos capaces de parar el tiempo en ese instante de felicidad perfecta.